Un amor en 1217

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
En Teruel, con su famosa leyenda sobre dos enamorados que tras esperar cinco años para casarse, el destino separó para siempre, también hay candados.

Los han atado a una pequeña barandilla y se amontonan, unos sobre otros, tras la estatua de Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, los protagonistas. 

Y la ciudad se vuelca una vez al año escenificando cada tercer fin de semana de febrero, sus amores.

Más de cien mil personas contemplan conmovidos el amor entre dos jóvenes en 1217.






La tristeza de mi corazón. José Cadalso y María Ignacia Ibáñez

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
José Cadalso había nacido en 1741 en el seno de una familia aristócrata gaditana, cuenta el escritor José María de Mena. A los 14 años le enviaron a estudiar a París en donde aprendió además francés y alemán. Él hablaba inglés en el Cádiz cosmopolita del siglo XVIII. 

A su vuelta a Madrid siguió la carrera militar, guerreó en Portugal, comenzó a escribir poemas y fue ascendido a capitán. 

En 1766 se instaló en Madrid y frecuentará junto a otros poetas y escritores, una tertulia en la Plaza del Ángel.

Y entonces conoció a una actriz, María Ignacia Ibáñez que actuaba con la compañía de su padre en el Teatro de los Caños del Peral, "la mujer de más talento que he conocido", afirmó él. 

Congeniaron y según detalla José María Mena, José Cadalso creía que eran espíritus semejantes.

Desde entonces, toda la poesía de José Cadalso está dedicada a ella, que es Filis en sus poemas. Pero para casarse, al no ser ella noble, tenía que obtener licencia real.

En el invierno de 1770 comenzaron las representaciones nocturnas, algo excepcional en aquellos tiempos. María Ignacia permanece en el escenario con ropa poco apropiada para la noche. Enfermó inmediatamente con fiebre muy alta y pidió que avisara a José Cadalso.

Pero él había partido para Extremadura con su regimiento, ella apenas vivió dos días más.

Dos semanas después él volvió a Madrid y por la noche fue a la capilla de Nuestra Señora de la Novena, donde tenían enterramiento los cofrades de la Hermandad de los cómicos.

Allí, según escribió después en su obra Noches lúgubres, desesperado abrió el ataúd y abrazó su cadáver.

Pidió destino para ir de nuevo a guerrear, esta vez a Gibraltar. 

Temerario paseaba sobre la hilera de sacos terreros, en lo alto de la trinchera. Le gritaron que se ocultase que los ingleses le habían visto pero no hizo caso. Le derribaron de cuatro disparos.


Muerta Filis, el orbe nada espera,

sino niebla espantosa, noche helada,

sombras y susto como el pecho mío.



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El festival tradicional chino que simboliza el amor

 




Maribel Orgaz @leerenmadrid
En China también celebran San Valentín pero el 19 de agosto y recibe el nombre de Festival Qixi.

Aunque la llamada Fiesta de las Siete hermanas venía celebrándose desde hacía siglos es ahora, influida por la cultura occidental, cuando ha adquirido el significado de Día de los enamorados.

Una leyenda tradicional china afirma que dos amantes, castigados por los dioses, han de vivir eternamente separados pero una vez al año, las urracas compadecidas trazan un puente celestial para que estén juntos. 

Ese puente es la Vía Láctea que en verano es fácilmente visible. Y al igual que nosotros, ese día se celebra regalando flores y dulces.

El Festival no ha perdido del todo su connotación social y las curiosas tradiciones de enhebrar agujas para pedir habilidad, observar arañas para atraer la buena fortuna, pasar la noche en vela pidiendo deseos, tender ropa y almacenar agua.  

De esta forma, "el Festival Qixi contiene la comprensión que tenían los antiguos del universo y la naturaleza, así como su alabanza de las emociones bellas".


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