La tristeza de mi corazón. José Cadalso y María Ignacia Ibáñez

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
José Cadalso había nacido en 1741 en el seno de una familia aristócrata gaditana, cuenta el escritor José María de Mena. A los 14 años le enviaron a estudiar a París en donde aprendió además francés y alemán. Él hablaba inglés en el Cádiz cosmopolita del siglo XVIII. 

A su vuelta a Madrid siguió la carrera militar, guerrea en Portugal, comienza a escribir poemas y es ascendido a capitán. 

En 1766 se instala en Madrid y frecuenta junto a otros poetas y escritores, una tertulia en la Plaza del Ángel.

Y entonces conoce a una actriz, María Ignacia Ibáñez que actuaba con l compañía de su padre en el Teatro de los Caños del Peral, "la mujer de más talento que he conocido", afirmó él. 

Congenian y según detalla José María Mena, José Cadalso cree que son espíritus semejantes.

Desde entonces, toda la poesía de José Cadalso está dedicada a ella, que es Filis en sus poemas. Pero para casarse, al no ser ella noble, tienen que obtener licencia real.

En el invierno de 1770 comienzan las representaciones nocturnas, algo excepcional en aquellos tiempos. María Ignacia permanece en el escenario con ropa poco apropiada para la noche. Enferma inmediatamente con fiebre muy alta y pide que avisen a José Cadalso.

Pero él había partido para Extremadura con su regimiento, ella apenas vivió dos días más.

Dos semanas después él volvió a Madrid y por la noche fue a la capilla de Nuestra Señora de la Novena, donde tenían enterramiento los cofrades de la Hermandad de los cómicos.

Allí, según escribió después en su obra Noches lúgubres, desesperado abrió el ataúd y abrazó su cadáver.

Pidió destino para ir de nuevo a guerrear, esta vez a Gibraltar. 

Temerario paseaba sobre la hilera de sacos terreros, en lo alto de la trinchera. Le gritaron que se ocultase que los ingleses le han visto pero no hizo caso. Le derribaron de cuatro disparos.


Muerta Filis, el orbe nada espera,

sino niebla espantosa, noche helada,

sombras y susto como el pecho mío.



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Brillando sobre las tormentas y el invierno










El festival tradicional chino que simboliza el amor

 




Maribel Orgaz @leerenmadrid
En China también celebran San Valentín pero el 19 de agosto y recibe el nombre de Festival Qixi.

Aunque la llamada Fiesta de las Siete hermanas venía celebrándose desde hacía siglos es ahora, influida por la cultura occidental, cuando ha adquirido el significado de Día de los enamorados.

Una leyenda tradicional china afirma que dos amantes, castigados por los dioses, han de vivir eternamente separados pero una vez al año, las urracas compadecidas trazan un puente celestial para que estén juntos. 

Ese puente es la Vía Láctea que en verano es fácilmente visible. Y al igual que nosotros, ese día se celebra regalando flores y dulces.

El Festival no ha perdido del todo su connotación social y las curiosas tradiciones de enhebrar agujas para pedir habilidad, observar arañas para atraer la buena fortuna, pasar la noche en vela pidiendo deseos, tender ropa y almacenar agua.  

De esta forma, "el Festival Qixi contiene la comprensión que tenían los antiguos del universo y la naturaleza, así como su alabanza de las emociones bellas".


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Cuatro amores en la cima de los Alpes




Brillando sobre las tormentas y el invierno

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
Desde Pest hasta Buda hay varios puentes sobre el Danubio. El más famoso es el puente de las Cadenas pero los enamorados no pueden colgar sus candados en él.

En los otros puentes que cruzan el río, más modernos, es casi imposible.

Pero los amores se las han ingeniado para encontrar pequeños lugares en ellos. 

Y conmovidos, los operarios de mantenimiento no los cortan y dejan que sus compromisos brillen sobre el agua del río, sobre las tormentas de verano y el invierno y sus vientos. 


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Una mujer que sabe lo que quiere no te da inseguridad



Cuatro amores en la cima de los Alpes

 


Maribel Orgaz @leerenmadrid
Hace unos días subí en funicular a Nordkette, la cima de Innsbruck (Austria) a más de dos mil metros de altura, en una de las cadenas montañosas de los Alpes.

Y hasta allí, los enamorados habían llevado candados y agarrado su amor a un pequeño hierro.

Al fondo, el Parque Natural de Karwendel y toda esa grandiosidad, soledad, aridez y dureza de las montañas.

Abajo, las grandes construcciones, un palacio imperial, una basílica, un torreón, edificios barrocos.

La Naturaleza y los empeños de los hombres.

Y en medio, cuatro pequeños amores que risueños vivían entre los dos mundos.   





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Para conquistar a una mujer si vives en un barrio sin puentes









Mira qué bien te quedo

 


Cada vez que tenemos que pasar por aquí te gusta pararte en este escaparate. Porque a estas horas de la tarde ya oscurece y se vuelve como un espejo, te digo. 

Mira qué bien te quedo, declaro con entusiasmo, y te giras y te agarras de mi brazo y los dos nos miramos muy derechos. Sí, afirmas muy seria ladeando la cabeza, es que me vienes perfecto. 

Un niño pasa con un helado, un hombre en bicicleta, una mujer y su perro. Ahora mismo, y miro tu reflejo, no hay guerra, no hay infierno y estas calles parece que florecieran.



Hace un tiempo publiqué en la Editorial Bercimuel un libro de microrrelatos al que pertenece éste. En papel está agotado pero puedes encontrarlo gratis para kindle o en las bibliotecas públicas de Madrid que también lo tienes en préstamo, consúltalo aquí.  

Amores que podrían ser. Maribel Orgaz, Editorial Bercimuel. DL M-3902-2016 - ISBN 978-84-944088-6-1




No fue un sueño - Ángel González

 



No fue un sueño 

Ángel González


No fue un sueño,
lo vi:
la nieve ardía.


Ángel González, poeta español, escribió sobre el amor cotidiano, que sobrevive al tiempo y al desgaste diario. 

Son célebres algunos de sus versos, "pero deshecho esto, resurjo en tus ojos y me recreas" o los del poema Muerte en el olvido:

 "y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso".


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La respuesta siempre será sí - Luz de Madrid