| Gerardo Vielba - Sala Canal (Madrid) |
Maribel Orgaz @leerenmadrid
A veces, algunas personas me han contado sus hermosas historias de amor. Las recuerdo bien.
A veces, algunas personas me han contado sus hermosas historias de amor. Las recuerdo bien.
Una de ellas fue mi vecina que con más de ochenta años estrelló su coche contra el mío en el garaje. Antes de eso no habíamos hablado excepto el típico saludo de cortesía al cruzarnos.
Vino a casa para que hiciésemos el parte del seguro del coche y desde ese día, charlamos siempre un poco al encontrarnos. María Fernanda me habló de su matrimonio y de cómo conoció a su marido.
Era enfermera de quirófano, "no sabes el dinero que he ganado", me dijo con una sonrisa. Ella era consciente de que ejerció en un tiempo en el que el trabajo era abundante y los salarios suficientes para una vida cómoda.
"Mi primer novio", me contó en tono divertido, "era un militar y mi padre me advirtió, ten cuidado que éste un día... y como por aquel entonces me fui de Madrid a otros grandes hospitales, le dejé". Pasaron los años y seguía sin comprometerse, hasta que con más de treinta empezaron las burlas de sus compañeros, "pero cuándo te vas a casar... qué te vas a quedar soltera". Por aquel tiempo, este tipo de comentarios se hacían abiertamente a las mujeres.
"Era guía turístico", rememoró, "le conocí en un viaje. Estaba separado y tenía dos hijos. Nos casamos en Nueva York" y la dulzura de su voz era conmovedora. "A los cuatro años volviendo de trabajar tuvo un accidente de coche... mi madre vino a cuidarme". Me miró a los ojos: "no me maté porque sabía que mi madre me estaba esperando en casa".
"Me dicen", no tuvieron hijos y mi vecina nunca volvió a casarse, "que si tuviera hijos ahora no estaría sola pero les respondo que estoy bien así. Que quizá ahora estaría preocupada, estaría quejándome de que vienen poco a verme".
Mi vecina falleció apenas seis años después. Su tono de voz cuando nos saludábamos nunca cambió, siempre fue enérgico y risueño.
Me gustaría creer en todo ese consuelo popular de un lugar de felicidad, de un más allá, de un cielo en el que volvieron a encontrarse.
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