El medievalista José Manuel Castellanos publicó en su libro, El Madrid de los Reyes Católicos un simpático detalle de la vida cotidiana en el siglo XV.
Esta advertencia especificaba incluso el horario de la prohibición: una hora antes de anochecer y toda la noche.
Si lo incumplían, el castigo sería la primera vez, dos días de cadena pero reincidir, es decir, a la segunda que incumplieran la ordenanza municipal, se les desterraría dos meses de Madrid y sus alrededores.
La prohibición incluía a toda la variedad de mozos madrileños y también a los vagamundos.
Pero no debió impresionar mucho a los jóvenes ya que en 1495 los regidores del concejo volvieron a insistir, esta vez prohibiendo que una moza fuera acompañada de un mozo después de anochecido si no era acompañada de otras mozas o con otras mujeres.
En aquel tiempo, los lugares de encuentro a diario entre las mujeres y los hombres eran muy pocos, la iglesia, los mercados y las fuentes.
¿Sirvió de algo la prohibición o lo dejaron por imposible?, José Manuel Castellanos cree más bien en la renuncia de los regidores a impedir que mujeres y hombres se encontraran alegremente en los Caños del Peral (junto al Metro de Ópera) o en Caños Viejos, en Puerta Cerrada o en cualquiera de las fuentes madrileñas, a cualquier hora del día o de la noche.
Caminico de la fuente,
cómo no te caes de risa,
al verles a las mocitas,
San Gregorio, la camisa.
Canciones de ronda
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